viernes, octubre 31

El Gnomo Móvil

Mi primer auto fué todo un acontecimiento, no sólo para mí, su flamante dueña, sino que también para muchos de mis amigos que compartieron divertidas aventuras a bordo.

Mi papá me regaló esta joyita cero kilómetros cuando cumplí 19 años. Yo estaba recién graduada de mi curso de conducción en el Automóvil Club, en el cual me inscribieron luego que que mi papá soportara dos días de intenso entrenamiento conmigo y antes de perder la paciencia prefirió enviarme a un curso con profesionales acostumbrados al sonido de los cambios sin embrague, los virajes de esquina por encima de las veredas y otras variaciones highlander del aprendizaje automovilístico.

Este singular vehículo era como un personaje de película de Walt Disney, tipo el protagonista de las carreras de auto, ya que sus características de modelo y color eran como sacadas de un cartoon: rojo italiano, de nariz grande y focos que en invierno juntaban agua como en una pecera. De hecho, uno de los nombres con que lo bautizó mi primo mayor, Emilio, fué "Mickey Mouse Car". Luego a mi hermano se le ocurrió que mi auto debía llamarse "Gnomo Móvil" ya que según él ese era el nombre más representativo para un auto casi de juguete cuya dueña medía, y aún mide, sólo 1,55m de estatura.

El "Gnomo Móvil" era el medio de transporte de todos, para ir y venir de fiestas, paseos a la playa, y por supuesto ir a la universidad. Por alguna razón que nunca pude entender ni yo ni los pseudo mecánicos del garage donde yo era clienta frecuente, el Gnomo Móvil tenía una falla en el motor de partida que nunca nadie fué capaz de reparar; tanto así que para no tener que pedir ayuda a cada rato para que empujaran a mi auto y yo poder encender el motor en segunda marcha, cuando iba a la universidad a clases lo dejaba estacionado cuesta abajo por si acaso. Así, en el caso que el motor no quisiera partir yo simplemente soltaba el freno de mano y me lanzaba en pendiente hasta que lograba arrancar el motor, mientras por la ventana gritaba a los peatones "cuidado, no puedo frenar".

Me acuerdo un día que llevé a varios compañeros de clase en el auto y de repente justo en una subida en calle Los Leones el auto simplemente se detuvo y empezó a retroceder mientras todos nosotros mirabamos el paisaje en reversa sorprendidos. Me acuerdo que mis compañeros se bajaron del auto aún en movimiento y entre los 4 empujaron hasta que logramos subir la pendiente. Una vez arriba en terreno plano siguieron empujando hasta que logré encender el motor como siempre en segunda marcha. Se podrán imaginar el taco que armamos y la de bocinazos y garabatos de que fuimos víctimas mientras hacíamos nuestro mejor esfuerzo por no llorar de la risa con lo absurdo de la situación. Era como conducir el auto de los Picapiedras.

Pero sin duda la anécdota más divertida le ocurrió a mi hermano y a mi primo Alvaro. Eran al rededor de las 11 de la noche de un fin de semana, ellos me habían pedido prestado el Gnomo Móvil para ir a una fiesta. Ambos, sin licencia de conducir como es obvio en Chile a los 16 años de edad, medio ebrios y con ganas de hacer maldades iban a unos 60Km por hora por la calle Vitacura y se aproximaban al cruce con calle Américo Vespucio cuando depronto casi al llegar a la esquina vieron a una prostituta en un paradero de micros. Con la inconciencia absoluta de esa edad y claramente influenciados por el alcohol no encontraron nada mejor que abalanzarse sobre la pobre cristiana gritando "mueran las putas". Para suerte de la puta y desgracia de ellos, antes de atropellar a su objetivo el auto embistió un cable de alumbrado público de esos que van en diagonal hacia el piso de concreto y están cubiertos de metal cilíndrico.

En un abrir y cerrar de ojos el costado del copiloto de Gnomo Móvil se elevó por el aire producto del impacto estratégico del cable a tierra y cayó estruendosamente completo de costado hacia la izquierda. "Estamos muertos?" preguntó mi primo en el lado del copiloto, mientras por la ventana veía el cielo y los focos del poste. Luego de un par de minutos de silencio, ambos se bajaron del auto por la ventana del copiloto como emergiendo de un pozo en la tierra y sin siquiera ponerse de acuerdo fueron hasta el otro lado del auto, el costado que yacía en el suelo, y con esa fuerza que sólo proviene del susto y la adrenalina, literalmente alzaron a Gnomo Móvil a pulso hasta que éste cayó pesadamente con sus cuatro ruedas en el suelo. Mientras, ya se había juntado gente que miraba curiosa y quizá se preguntaba dónde estaría la cámara escondida en este reality show. Mi hermano volvió a subirse al volante e intentó echar a andar el motor que por supuesto, era que no, ni chistó y simplemente no partió. Mi primo se dispuso inmediatamente a empujar el auto desde atrás y cuando ya agarraron la velocidad necesiaria el motor partió. Luego mi primo corrió hacia su asiento con el auto en marcha y se lanzó al interior como en una película de los Dukes de Hazard o Indiana Jones, se acomodó en el asiento y cerró la puerta. Entonces mi hermano aceleró y se esfumaron de la escena del crimen antes de que llegaran más espectadores y los pacos.

Al día siguiente yo ví el auto y no pude entender cómo era posible que el espejo del piloto estuviera colgando de un hilo y que todo el lado izquierdo estuviera como arañado por un gato gigante. La explicación que me dieron ellos muy serios parecía obvia: estacionaron el auto en la discotheque y tuvieron la mala suerte de que un camión se estacionara al lado izquierdo y pasara a llevar todo a su paso. Un camión? en la discotheque? En fin, no iba a dudar de ellos, así que les creí. Sólo después de un par de años se animaron a contarme la verdad entre carcajadas y durante mucho tiempo después mi hermano fué la entretención de los amigos cada vez que relataba los detalles del evento en asados y fiestas.

miércoles, octubre 29

Espíritu: la Juventud Eterna

En mi experiencia el despertar de la pasión por la vida puede ocurrir a cualquier edad. Aunque todavía me queda mucho por vivir, tengo la sensación cada vez más palpable de que esa frase kliché es la pura verdad: el espíritu no tiene edad.
Cuando me miro al espejo hoy en día mi percepción es que soy muy similar a mi imagen de cuando tenía 25 años; y sin embargo los jóvenes que conozco menores de 25 o en ese rango de edad me tratan de "usted" y los noto sorprendidos al constatar nuestra similitud de opinión...

Yo me pregunto, en qué irá esta diferenciación? Es realmente la edad o la actitud? Es la apariencia o la mirada? Lo más probable es que se trate de un tema muy individual de percepción tanto de ellos hacia mí como viceversa. Y bueno, supongo que además algún efecto tendrán las incipientes "patitas de gallo" o líneas de expresión que suena mejor que arrugas. En todo caso, es algo que me gusta, recibir ese feedback no verbal que de alguna forma reconoce una evolución en mí; que me permite observar con perspectiva dónde estaba yo a esa edad y cómo veía yo a las personas que según mi percepción eran "mayores".

He sobrevivido a una adolescencia rebelde y a una juventud vertiginosa que finalmente han dado paso a mi adultez serena, aunque por supuesto en la percepción de alguien de más de 70 yo sigo siendo aquella de 25 y por extraño que esto suene es esa la magia de la percepción.

Ahora siento que puedo confiar en mis instintos y sé diferenciar lo que quiero de lo que desecho; ahora estoy conciente de lo que decido y por qué lo hago. Sigue existiendo el factor de lo desconocido pero con el tiempo he aprendido que el gusto excitante de la vida es justamente aquello fuera de mi control, eso que me espera en cada hito de mi vida y me sorprende gratamente la mayoría de las veces.

Y si el destino me presenta un escenario amargo, ahora sé qué debo hacer en él, ya no me asusta entrar en escena con los ojos cerrados. Llega un momento en la vida de todos en que por fin aprendemos a dejar hablar a nuestra voz interior intuitiva, y cuando lo hacemos nos damos cuenta de que las opciones que hemos tomado no son buenas ni malas sino todo lo contrario...Quiero decir, aprendes que puedes sacar ventaja y lecciones de ambas sin morir en el intento. No es acaso nuestra misión principal como seres humanos el aprender a ser espíritus libres, evolucionados y sabios? Al menos yo siento que esa es mi misión y disfruto mucho conociendo personas cuyos caminos de evolución, sean estos voluntarios o no, se cruzan con mi camino a lo desconocido.

Algunos han "despertado" siendo aún muy jóvenes y otros nos hemos demorado un poco más. Lo importante es que despertemos y logremos entender que todo esto frente a nuestros ojos y a a merced de nuestra limitada percepción muy individual y única, es un mero escenario para aprender a practicar nuestra divinidad. Si tenemos la suerte de darnos cuenta de esto logramos guiar nuestras vidas a través de la intuición y alimentados por la pasión. Logramos la paz interior de quien ha descubierto el momento presente: la vida se vive y se saborea con una perspectiva inigualable. Ya no hace falta jugar a esconder emociones ni sentimientos, te miras al espejo y ahí estás tú: el espíritu niño eterno encarnado momentáneamente en este cuerpo de cualquier edad, una edad que se proyecta y es percibida por otros según nuestra materialización de la verdad y de la ilusión.

Aprendemos a vivir apasionadamente como si cada día fuera el primero y el último.

domingo, octubre 19

WUNDERBAR: Remember the Future



El pasado 9 de Octubre de este año fué un día especial, por decir lo menos...

Me encontraba en una notaría del centro de Santiago lista para firmar la escritura de traspaso de marca Wunderbar y sentí que mis ojos se llenaban de lágrimas de emoción. Quién hubiera dicho que luego de doce años de ires y venires de todo tipo, se cierra este capítulo de mi vida tan abruptamente como empezó...

Yo había regresado hace unos meses de Alemania luego de haber hecho un postgrado en marketing. Estaba muy entusiasmada pensando que mis opciones laborales serían muy ventajosas comparadas a las de otros cristianos que como yo habían estudiado tuismo, una carrera que áun se considera algo así como la excusa académica de los que nos quisieron embarcarse en un melodrama eterno de materias densas y rimbombantes garantes del bienestar profesional y monetario en el incierto futuro laboral.

Sin embargo, y para sorpresa mía y del auspiciador de mi estadía en Alemania, vale decir mi padre, los puestos de trabajo en los que pude haberme desempeñado eran lisa y llanamente ocupados por la segunda plaga chilena después de los abogados: los ingenieros comerciales. Cabe mencionar que no todos forman parte de la plaga; yo conozco a varios que aún tienen escrúpulos -and I am not talking about the game- y conocen el significado de la palabra honorabilidad. Sin ánimo de ofender a los colegas abogados e ingenieros, debo decir que es lamentable, pero con la amplia variedad de especialización que existe hoy en día en Turismo y en otras áreas, los encargados de contratar personal aparentemente siguen prefiriendo a un ingeniero, aunque éste no sepa ni hablar un segundo idioma.
En fin, luego de varios meses de intentos fallidos por encontrar trabajo en cargos de gerencia o gestión de turismo, en que ni siquiera me consideraban para entrevistas, decidí que debía hacer otra cosa. ¿Pero qué? Esa era la pregunta.

Estando en Alemania viví en una pequeña ciudad de unos 150 mil habitantes llamada Pforzheim al sur de Stuttgart, donde asistía a clases en la facultad de Economía y Marketing. Por razones que ahora no viene al caso detallar -pero que con gusto describiré en otro momento- digamos que me lo pasé de fiesta en fiesta, ya que extrañamente por esos lados en la universidad sólo se rinden exámenes a fin del semestre, y bueno, además de asistir a clases una buena parte del tiempo libre era destinado al intercambio cultural entre estudiantes, en buenas cuentas hacer fiestas y pasarlo bien. El caso es que descubrí que en Alemania es muy común encontrar bares llamados Wunderbar; existe un Wunderbar en cada una de las cuidades que visité durante mi estadía de un año.

Lo primero que me llamó la atención en este franchising Wunderbar era el tipo de música, como evocando al famoso bar extraterrestre de Star Wars ¿se acuerdan? A la excéntrica música techno acid jazz súmale la decoración tipo super sónicos -los cartoons-, los clientes de apariencia tipo marciano surrealista, la cerveza cómo no, el famoso Bacardi Cola que by the way era my drink favorito y el murmullo de idiomas de todas las nacionalidades. En estos bares bohemios los estudiantes universitarios nos juntábamos a conversar y a disfrutar de nuestra gloriosa época de parásitos sociales.

Así fué como un día de Octubre de 1996, a casi tres meses de mi regreso a Chile, tuve un insight de aquellos y le propuse a mi hermano -en ese entonces también un parásito social- que abriéramos el primer bar techno de Santiago de Chile: WUNDERBAR. Mi hermano, era que no, aceptó de inmediato y comenzamos a planificar...A poco andar se nos unió un amigo inversionista que también estaba sin trabajo. Luego de casi cinco meses de árdua planificación -creación del logo, inscripción de la marca, búsqueda de proveedores, tramitación de patentes comerciales y de alcohol, y un sin numero de otros obstáculos que logramos flanquear con bastante gracia a pesar de nuestra escasa experiencia en el rubro- el día 14 de Febrero de 1997, con dolor de estómago y sin uñas, me dispuse a abrir las puertas de nuestro Wunderbar al público Santiaguino.

Nuestro boliche estaba muy bien ubicado en la calle General Holley Providencia,en esa época un barrio top de la ciudad. Esa noche de San valentín apenas entraron unos pocos curiosos que atraidos por la novedad se sentaron a tomar unas cervezas mientras sonaba la escasa selección de música techno que yo había traído de las Europas. Con nostros, tras bambalinas digamos, estaban un par de amigos -Sandra, Andrés, Alejo y Carlos- quienes se ofrecieron a ayudar por amor a la causa haciendo el rol de garzón-barman-anfitrión-disque cliente y sobre todo apoyo moral. Fué una noche memorable que dió paso a cientos de noches memorables y desenfrenadas de música, diversión, amistad y por cierto, alcohol.

Nuestro pequeño Wunderbar comenzó a hacerse conocido en el aún reducido círculo de los fans del techno en Santiago. Varios dj's en apogeo llegaron a sentarse conmigo a la mesa para negociar su precio por tocar en el Wunderbar. Pedían sumas astronómicas -para aquellos años- por mezclar música de vinilo y darle a Wunderbar un toque de exclusividad y fama. Como apenas lograbamos cubrir nuestros costos, muchos de los dj`s no aceptaron mi humilde oferta monetaria y desistieron de tocar su música. Me mantuve estoica en mi "selección de personal" y me quedé con tres dj`s de planta -Jazin, Boss y Kevin- que fueron pilares fundamentales en la formación de nuestro estilo particular de bar. Sin embargo, con el paso de los tiempo al darse cuenta de la popularidad "in crecendo" de nuestro local, en muchas ocasiones tuve el placer de ver denuevo a los Dj`s más conocidos llegar a instalar sus tornamesas para hacer tocatas al mismo precio que los habitué y poniendo toda su pasión en cada mezcla musical.

Aún me topo de cuando en cuando con personas que fueron clientes del Wunderbar de esos años y todos recuerdan con nostalgia nuestro pequeño epicentro de la perdición y el desmadre...¡qué tiempos! Álbums llenos de fotos tomadas por el reportero del desorden, un alemán que merece todo un capítulo aparte.

En este, el primer registro de mi Bitácora, quisiera agradecer a todos y cada uno de los integrantes de nuestro equipo Wunderbar inaugural: Chago, Gac, Alejo, Sandra, Carlitos, Kevin, Michael, Dj Jazyn, Dj Boss, Santiago Andrés, Sebastian, Dj Wask, Dj Down, Siddhartha, Fabiola, Angela, Emilio, Alvaro y a todos nuestros queridos clientes y amigos, a quienes recordaré siempre con mucho cariño.

Porque al final de cuentas los proyectos tienen caras, nombres y sangre que corre por las venas de aquellos que creemos en que "impossible is nothing"

A todos ustedes, gracias y...¡salud!

Clau RS