lunes, febrero 11

De Paseo en la Tierra

Somos realmente nosotros quienes decidimos en qué vida queremos encarnar? Qué sentido tiene saber con anticipación acerca del sufrimiento o desgracia que pueda venir con esa encarnación, quién querría ser tan masoquista? O es que sólo sabemos que existe una infinita red de posibilidades que se va tejiendo a medida que la conciencia decide, y entonces tenemos una breve sinópsis de nuestra vida que luego se repetirá como un dejá vu por el resto de la existencia en este plano? Cuál es el objetivo en primer lugar, para iniciar tal viaje en el universo de infinitas posibilidades?

O es que de antemano sabemos la inclinación de la conciencia encarnada y por ende nuestro propio destino? Elegimos entonces nuestro destino como quien elige las materias a cursar en el siguiente año universitario? Estamos incluso eligiendo nuestra propia perdición cuando decidimos convertirnos en una conciencia dormida y perdida en el vacío de la materia exacerbada en odas al ego y sus maléficos efectos?

Si somos parte de un ser divino que nos dió la vida y nos ama; por qué tenemos amnesia y libre albedrío al mismo tiempo? Por qué despertamos tan tarde a la verdadera conciencia y a las reales caras de quienes nos rodean? Qué cruel juego el de acercar nuestra verdad cósmica y lucidez a los momentos más extremos de nuestra existencia: la niñez y la vejez… o es acaso la hipnosis de nuestro tiempo “útil” una burla a nuestra intuición innata?

La lucha del hombre contra el destino…si el universo tiene infinitas posibilidades que se van tejiendo en el tiempo y en la existencia eso significa que no hay destino; que como bien dice el poema “se hace camino al andar” y por eso es que en la lucha contra el destino es el hombre el vencedor…y la victoria es un mero reflejo de aquella conciencia divina que eligió esta vida para aprender y vencer…

Si tan solo la conciencia divina estuviera presente por mas tiempo, si por misericordia divina no se adormeciera al final de nuestra infancia para resucitar eventualmente, antes o después, según sea nuestra etapa de evolución del alma: en la pubertad por una experiencia traumática, en la juventud por un accidente invalidante, en la madurez por experiencia, o al final de la vida por misericordia de los maestros…o nunca, hasta la siguiente y subsiguiente reencarnación por los siglos de los siglos…hasta que uno se reencuentre con la luz desde donde vino al inicio de los tiempos por alguna razón misteriosa que sólo se devela en la sala de break de la quinta dimensión en cada intermedio entre reencarnaciones.

Te sientas a la mesa sabiendo que estás exhausto pero no sabes realmente de qué, pues ya empiezas a olvidar todo de nuevo y tu vida pasada es como un sueño antes de despertar: vívido unos minutos, incongruente con los primeros rayos de luz de la mañana, un borrón más en tu memoria al medio día. Entonces yo me pregunto, quién posee un sano juicio para elegir la siguiente materia? O es que me falta otra etapa antes de siquiera estar habilitada para elegir una nueva materia? En otra dimensión, un estado de conciencia impensable, el todo unificado con lo divino y lo sabio, impulsado por el amor; y vamos, por algo de masoquismo intrínseco que nos hace volver, como cuando vas manejando frente a un accidente y disminuyes la velocidad para ver algo de la terrible escena. Es eso lo que nos hace volver?

O es quizá el antojadizo caos del universo el que nos hace convertirnos en diversas materias como si fuéramos estrellas o planetas en distintas etapas de evolución universal? Si así fuera entones, como la vida del universo, nuestra existencia tampoco es eterna…probablemente en ese escenario nuestra existencia estaría directamente afectada por casualidades tan benéficas como funestas y la supervivencia sería una mutación supreditada a nuestra capacidad de adaptarnos, tal cual hacemos como seres humanos, a las nuevas condiciones existentes; con poco o nada de libre albedrío a nuestro alcance, mas que aquel proveniente de quien haya creado el todo y que se encuentre con ganas de jugar un poco a la película de acción con las piezas de su enigmático puzle…el caos sobre el propósito?

Ese parece ser más el panorama del universo, y de nosotros por añadidura…suena lógico no? Y entonces para qué todos los mensajes de los dioses desde el principio de los tiempos? La vida después de la vida, la existencia de otros mundos invisibles…el viaje hacia el mas allá; la divinidad que nos circunda latente e invisible, sensible a la percepción de músicos, pintores, poetas, líderes espirituales como el mismísimo hijo de Dios…Jesús…qué hay de toda esa innegable inspiración sublime disponible para toda aquella alma sensible dispuesta a escuchar lo inaudible?

Es en ese silencio lleno de música donde lo divino, la conciencia y el arte se juntan a filosofar sobre esta existencia etérea casi eterna de nuestra alma omnipresente y nuestro espíritu universal.

Entonces quienes por bendición de hiper sensibilidad o fé absoluta en lo que no se ve, deciden venerar la belleza de lo invisible se convierten en portales de tránsito a esos mundos para otros, dándole entonces un nuevo y grandioso sentido a la existencia. Servir al todo sin egoísmo, como lo haría una célula de nuestro cuerpo durante su completa existencia, sin dudas ni cuestionamientos viniendo con claridad desde la luz y yendo a paso decidido de vuelta hacia ella.