domingo, noviembre 2

Los Turistas

Ese día de Febrero del `96 en Pforzheim estaba más helado que candado de fundo, había nevado ya varias veces y la temperatura era como de 10º bajo cero. Me forré con toda mi ropa como siempre que iba a salir a la intemperie: medias gruesas de esas con que te vestían para ir al colegio cuando chica, calcetines guesos, botas, dos pares de pantalones, dos camisetas, un polerón encima de otro, mi adorada chaqueta de chiporro, bufanda hasta la nariz y gorro...se me veían los puros ojos. Cual monito de nieve navideño, salí de la "Studentenwohnheim" -pensión de estudiantes, que le llaman- con destino al aeropuerto de Stuttgart a buscar a mi hermano y mi prima que venían a visitarme a Alemania directo desde el verano Reñaquino en Chile.

Luego de un viaje poco más de una hora en tren llegué a la estación "Aeropuerto" y me bajé -qué maravilla no tener que caminar por calles heladas-. Apenas me bajé del tren me alegré mucho de poder siquiera sacarme la chaqueta, sofocada por la calefacción infernal del recinto. Ahí estaban, recién llegados de San Rosendo, Chago y Sandún muy bronceados y de polera como que hubiéran llegado a España en Agosto. "Abríguense, hace frío, and I mean it is reaaaallyyyy cold". Se cagaron de la risa, se pusieron sus chaquetas de seudo invierno y ni pescaron mi advertencia.

Durante el trayecto de vuelta a Pforzheim fuimos conversando entusiasmadamente sobre las últimas novedades, "cotilleando" como dirían mis amigas españolas -gossiping- para ponerse al día de mi semestre universitario en Alemania y las anécdotas de los amigos en Chile. Apenas habíamos subido al bus destino "punta del cerro" después de haber pagado casi luca por pasaje cuando Sandrún empieza a revolver dentro de su bolso y comienza a ponerse toda la ropa que encuentra...

El viaje en bus fué corto, apenas 20 minutos para dejarnos literalmente en la punta del cerro donde estaba ubicada la Studentenwohnheim a un par de kilómetros en pendiente de la Universidad donde yo asistía a clases. Bajamos del bus con chaquetas y maletas , en lo que fué una sinopsis del sínrome "equeco" que nos acompañaría el resto del viaje. Llegó el momento de bajarse del bus y el primer comentario fué, como no,
" hace frío"
"yo les dije"... sonreí
"chita que son helá la`Alemania`" dice Chago
ni media palabra de Sandrún, de su boca ya colgban estalactitas...
"ta calentito aquí ah?...ma helao que cañilla de gaviota" dice mi hermano.

Derepente me doy vuelta para mirarlos y Sandrún estaba como una hoja de papel con la boca morada. A mi hermano se le había congelado la sonrisa, ambos estaban helados a punto de quebrarse. Entramos al edificio donde luego de un par de minutos decisivos, comenzaron a respirar denuevo con normalidad. Luego del deefrost de 10 minutos en el lobby del edificio, los llevé a concer el recinto.

Empecé por el Subterráneo, el cuartel general del carrete estudiantil de aquella honorable residencia...Bien camuflado por dos pilares y un pasillo; en un abrir de puertas...ta tá: un bar! "este es nuestro bar, abre todos los Martes y Jueves" :) sonreí
Mi hermano entró en extasis, la sola visualización de tanta cerveza y mujeres hablando en lenguas marcianas lo dejó speechless.

Luego de aprender los secretos de accionar la lavadora en la sala de laundry, los llevé al TV room donde un enorme sofá prometía veladas inolvidables de cerveza y críticas espontáneas compartidas con los televidentes políglotas y ebrios. Para cada lugar había una llave (ojalá la vida fuera igual) y con cada puerta una promesa por descubrir.

Ya familiarizados con lo absolutamente anti rutina, Sandrún y Chago cruzaron los brazos tras la nuca y comenzaron a disfrutar de su estadía en Alemania.

Como era habitual en mi rutina de estudiante, una semana podía tener hasta siete fiestas. Mis colegas de edificio ya habían tenido la dicha de conocer a Sandrún, la sudamericana de ojos azules y a "Chago el Magnífico" como se presentaba mi hermano a cuanta cristiana que estuviera cerca, con los ojos a medio cerrar por efecto del exceso de cerveza en la sangre :) Los chilenitos se sambullían rápidamente en los rituales de la alta cuisine de survival, muy practicada por nuestros amigos de la`europa`. Mientras los españoles esperaban ver emerger el toast Bott -pan de molde que le llaman- de la tostadora, para untarlo con aceite de oliva y adornarlo con anchoas y tomate, en otro sector dicharachero de la cocina comunitaria los infaltables italianos haciendo pasta, "la pasta"...casi un mantra. Con cualquier salsa imaginable: zucchini, carbonara, bolognesa, agli ogli...La cocina se transformaba en una fiesta de cuatro o más idiomas sincronizados con la perfección del alcohlismo circundante.

Armábamos las mesas de la cocina tipo mesa té club y cada uno se sentaba con su insólita merienda frente a un infaltable vaso de cerveza o vino. Yo tenía una radio de esas ultra mentors -precaria- con manilla y toca cassette. Cada noche yo llegaba con mi radio a la cocina y tocaba mi cassette titulado "pulento", una fina selección musical de merengue, salsa y el equivalente al reggeton de la época "cachete con cachete" entre otras melodías latinas de esas que arden, especialmente cuando estás en el polo norte rodeada de monos de nieve. Bueno, se imaginarán el resto, para cuando todos ya habían comido y se reían de la música, algunos ya estábamos bailando, era que no, y con ritmo de merengue balanceabamos la última copa de vino antes de dar por terminado el día universitario.

Con frecuencia luego de cenar "quedábamos" para juntarnos en el lobby, y como una manada ebria de marcianos salíamos a pelar el cable por calles de Pforzheim. No hubo boliche que se salvara de las ordas salvajes de los Fremd Studenten -estudiantes extranjeros- incluso un par de veces la fiesta terminó con asombrados policías verificando nuestros ID`s...
"wo kommen Sie her?" - de dónde es usted?-
Italia, Chile, España, Colombia, Argentina, Irlanda, Grecia, Portugal, Brasil, Escocia, Inglaterra, Holanda, Bélgica, Alemania (si, teníamos nuestros fans)
como decía un español "esto de la torre de Babel tío..."

Luego de despacharnos a dormir -para que dejáramos de huevear por las calles- comenzaba nuestro peregrinaje cerro arriba hacia la temperatura sobre cero en nuestra residencia, home sweet home...

Una noche, volvíamos de una fiesta en la "Haus der Jugend" -casa de la juventud- y nos dispusimos a disfrutar de un after hour en la cocina. Vuelta abrir el refrigerador, revisar las cajitas de metal de preciosas pertenencias a la hora del hambre y luego de verificar el nombre del dueño, cajita por cajita eran saqueadas en nombre del bajón de hambre...

Mi hermano exclamó victorioso: "tengo salchichas de Nüremberg! alguien quiere comer?"
"ya...que esas las venden en el supermercado tío, no tienen nada de extraordinario" dice Jorge, el catalán. Carcajada general en la cocina, hasta los alemanes reían.

Cada estudiante guardaba en una repisa sus platos, cubiertos y tazas que impajaritablemente debía lavar y guardar después de comer. Yo era la única que tenía un set de cubiertos -vajilla- con mango plástico tipo Hello Kitty.

El "follador de Chile" como le decían a mi hermano, puso dos panes en el tostador mientras daba un sorbo a su cerveza. Con el semblante sonriente para impresionar a las italianas y la eterna actitud de "aquí te las traigo Peter", Chagman, impaciente con la demora del tostador hizo ademán de introducir el tenedor en la tostadora mientras el catalán da un grito de advertencia..."que te vas a electrocutar tío..." demasiado tarde retumbaron sus palabras y se produce un apagón en todo el piso del edificio con el inocente tenedor de mango plástico metido en la tostadora. Esta vez si que lloraron de la risa..."Pero tío, tu estás completamente loco"

Al día siguiente mi hermano se levantó apuradísimo para salir
"a dónde vas?" le pregunté
"a comprar una tostadora nueva"