Un bus verde pasa raudo por la ruta 68 hacia el aeropuerto; a bordo en el segundo piso hay un tipo sentado mirando por la ventana. Sus ojos cafés brillan pensando en lo que aquel viaje le depara. Hace veintidos años que no ve a esa francesa. El bus se detiene frente al terminal del aeropuerto internacional; él toma su mochila y se baja. Entra y se dirige al counter. Una chica sonriente le hace la señal para acercarse.
- buenas tardes
- hola, quiero enlistarme para el vuelo a Atlanta por favor
- permítame su pasaporte
- si, aqui está
- ¿va a chequear equipaje?
- si, esta mochila
- ok tiene que esperar hasta el cierre del counter para que le informemos si puede viajar hoy o no
El asiente y se retira del counter sin emitir sonido, no es la primera vez que viaja en esas condiciones; como pasajero sujeto a espacio, o como diría un colega de línea aérea: "pasajero sujeto a humillación". Se dirige hacia el café a la entrada de migraciones donde amenizará la espera tomando un capuchino y leyendo algún buen libro.
domingo, abril 28
jueves, abril 18
oh mann... !
El cielo anaranjado del atardecer se mira al espejo en el azul del mar mientras en algún lugar de Olmué se oye un rugido de motor y un auto que rápidamente dobla en una curva en dirección a la casa del portón de madera. Tras el auto, una estela de tierra va nublando la nitidez de la tarde mientras hace desaparecer la huella de la pequeña calle sin salida donde está la tan eperada fiesta. El auto se detiene, de él bajan K y M riendo y hablando a toda voz en alemán como siempre; abren el portón de madera y entran a la casa.
Mientras K empieza a desempacar sus discos y revisar su tornamesa para empezar la tocata, M escanea el lugar con la mirada mientras sonríe y saluda a todos totalmente des inhibido, como si los conociera a todos desde siempre. La energía de este par de encantadores truhanes es muchas veces una fresca brisa de vida y otras veces simplemente una vehemente patudez que ha costado un par de malentendidos y conflicto. Oh de cuántos episodios fui testigo...
Ya han llegado una treintena de personas desconocidas que pululan y beben los clásicos spirits de estas fiestas chilenas, esperando que comience el DJ a sonar su mejor stock de música electrónica. M rápidamente se ha conseguido un vaso con whisky o algún otro brevaje en las rocas...clink, clink y se dispone a disfrutar de otra jornada de carrete...y digo jornada porque para estos vigorosos muchachos una fiesta no se circunscribe a ciertas horas de la noche sino que depende directamente de la durabilidad del cuerpo bajo influencia de psicotrópicos extremos en un ambiente de estímulos externos múltiples y constantes; y por supuesto sin sentido alguno de la obligación o responsabilidad que logre interrumpir tan impetuoso trance...en suma, estos modelitos podían estar tres días de fiesta como dignos herederos del imperio romano sin siquiera desarrollar ojeras o aparentar cansancio...héroes de amistades locales, paladines del carrete, miembros honorables de cuanto boliche nocturno existiera y clientes memorables de todas las fiestas habidas y por haber...todos los conocían y querían estar con ellos, era como perteneces al jet set de la perdición y el desorden ! qué manera de gozar descaradamente la vida...todo lo demás...simplemente era provisto por el maravilloso universo que siempre los protegió y abasteció silenciosamente a lo largo de su exaltada juventud.
De un momento a otro los ánimos de M pasaron de euforia a furia, lo cual era bastante frecuente en estas circunstancias especialmente si ya había algo de alcohol en la sangre. Comenzaron los gritos vociferantes en alemán de un lado a otro del living de esa casa, de M a K, pasando por los testigos atónitos que quizá pensaron que pronto aparecería la cámara del reality show desde debajo de la mesa improvisada del Dj o detrás de las cortinas... pero no, la cámara no apareció y nuestros personajes de cómic siguieron vociferando desfachatados y ruidosos como era habitual entre ambos. La discusión probablemente tuvo relación con algo tan vanal y poco significante como cuál era el primer disco a mezclar en las tornamesas o si iban a correr los muebles hacia la terraza; sin embargo el volumen de ambos y el efecto de dureza otorgado por el idioma alemán hacía sonar esta una pelea a muerte entre dos que estaban próximos a batirse a duelo de balazos como en el far west...Supongo yo que un descenlace de esa índole era lo que pasaba por las cabezas de aquellos sorprendidos espectadores a quienes probablemente se les pasó la plácida primera etapa de somnolencia alcohólica al escuchar semejantes gritos en idioma Hitleriano.
La discusión terminó como siempre...M dió el último grito, dejó su vaso por ahí tirado y partió de aquella casa hacia la calle, totalmente ofuscado y sin rumbo. A partir de entonces la historia se torna surrealista porque los acontecimientos ocurridos son dignos de una película de Mel Brooks. A poco andar se acabó el pueblo y comenzaron los tropiezos...
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