lunes, enero 14

Rap en el Metro

suben al tren padre y pequeña hija, él en cuclillas le acaricia la cabeza mientras escuchan hip hop desde un mini parlante

Y el tiempo se detuvo

De noche pienso cuánto miedo tengo a una vejez inválida y solitaria; me doy vuelta para cambiar los pensamientos... En la mitad de esa noche mi mamá se cayó de la cama. Me levanté a mirar si estaba bien; mañana cuando llegue la Mila entre las dos la volvemos a levantar, pensé. La tapé, acomodé una almohada detrás de su cabeza y le puse la máscara de oxígeno. Estás bien así? le pregunté; me miró con sus ojos azules un tanto opacados y asintió con la mirada. Al rato después murió ahogada en el suelo sin que yo me molestara en siquiera estar a su lado; porque una vez más elegí sucumbir al sueño para no interceptar a la muerte, como cuando murió mi abuela. "Paro cardio respiratorio" diría más tarde el parte de defunción emitido por su doctora de cabecera. Cuatro años de sufrimientos y miserias en los que me volví cicaria de mi propia madre. "Esto era lo que querías cierto?" dijo mi tío abuelo cuando le conté que mamá había muerto. Mi preciosa mamá muerta mi hermoso hijo muerto, la constante búsqueda de contenido en mi vida... Al despertar el único objetivo es el preciado parque, paseo con mi perro;mente en blanco atenta a mis signos vitales: viento a través de los árboles, canto de pájaros, ruido de agua, olor a flores, Sol benévolo... Gracias porque estoy viva: auto programación mental pseudo optimista.

miércoles, enero 2

El Fiasco de Fin de Mundo

Seguro que no va a faltar quien diga "viste, esto es culpa de los Mayas, ellos se equivocaron !" Qué manera de hacer el ridículo, y en esto me incluyo. Qué estarán maldiciendo a regañadientes los no pocos seres humanos en el planeta que estuvieron preparándose durante años? Vamos pensando en cómo vender el bunker o cuál lata de comida van a abrir primero. Es casi triste no poder usar todo ese capital invertido, y ahora cuál es la excusa para seguir manteniendo las provisiones e instalaciones de fin de mundo si al parecer aquí seguiremos por un buen tiempo más; que yo sepa no hay profecías de fin de mundo sino hasta mil años mas cuando cambiemos a la era de acuario donde dicen que ocurrirán cambios de tipo espiritual y metafísico.

Pero finalmente la lección aprendida, al menos en mi caso, es que nadie tiene la mas mínima idea de nada y mas vale hacerse a la idea que la vida sigue, que sí vamos a envejecer, que no vamos a morir aún relativamente jóvenes (al menos mi generación, quienes esperamos el dichoso "fin de mundo" desde que tenemos memoria). Ante tal escenario uno no sabe si alegrarse o deprimirse. La vejez estaba descartada de nuestros planes...ahora es un hecho. No mas alcohol ni abuso de carbohidratos, no más sedentarismo ni planes a corto plazo; por primera vez en mi inocente y pelotuda cabeza debo planificar para mi futuro y mi vejez. Ahorro, es casi el nombre de un planeta de otra galaxia.

Y sin embargo, dentro de toda la idiotez colectiva y los presagios apocalípticos yo hablaba con Dios (o conmigo misma si se quiere) y agradecía la vida en este planeta, le pedía una segunda oportunidad para la humanidad, le pedía perdón por nuestras imbecilidades autodestructivas. Debo reconocer que me produce una gran felicidad haber estado profunda y ridículamente equivocada, siento que la vida me pertenece nuevamente, he vuelto a mirar hacia delante sin taparme los ojos, sin abandono insalubre al destino incierto que me controla desde fuera como a un títere.

Es el momento de cambios para permanecer saludable en el tiempo...

sábado, mayo 28

La casa de Isabel

El tren avanzaba rapidamente a través de la ciudad de los árboles, emitiendo un murmullo arrullador mientras aparentaba volar veloz a la par de las enormes nubes que flotaban a baja altura.

Cala miraba distraidamente por la ventana, siempre le llamó mucho la atención el cielo y las nubes de esta parte del planeta donde la bóveda celeste era perfectamente redonda e imponente.

A pesar de la altura significativa de los árboles que dominaban todo el territorio con su magnífico verdor de distintas texturas, al no existir cerros ni montañas el cielo cobraba una grandeza sorprendente para quien estaba acostumbrada a la vida de paisaje encajonado en las faldas de la imponente Cordillera de Los Andes.

"Una vez más en la Atlantida", pensó Cala refiriéndose a la capital del estado de Georgia en Estados Unidos, Atlanta. Ella trabajaba como supervisora de la aerolinea Delta en el aeropuerto de Santiago, y para su asombro, a pesar de haber hecho ya un centenar de viajes a la Atlantida, el grandioso tamaño de las nubes y la profundidad celeste del cielo no dejaban de producirle un gran sobrecogimiento en cada viaje en tren a la ciudad.

Su pensamiento saltaba de copa en copa de árbol junto con su mirada; era inevitable divagar por el paisaje sin acordarse de su madre..."donde estás? Eres feliz? Y pensar que antes deseaba para mi toda la felicidad y buena fortuna; y en cambio ahora mi único deseo de todo corazón es tu felicidad eterna junto a Ela y Tata. Me gustaría verte bailar sobre las nubes, llegar en punta de pies a tocar el piano sonriendo llena de dicha en una eterna niñez mágica y benévola"

Desde las nubes su mente fue a parar directo al pasillo ensombrecido de la casa de Isabel...

Cala avanzó hacia el dormitorio destinado para el comedor de diario. Sentados a la mesa tío abuelo Sebastian, abuela Ela, mama Bila, cada uno con una copa de vino, mirando por la ventana hacia el rosal recién florecido.

Tio Sebastian como era su costumbre ya habia salido al patio a cortar la primera rosa de la temporada; llenó un vaso con agua y dejó la rosa en el centro de la mesa del comedor de diario, donde pudiera ser admirada por todos.

Bila y Ela, ambas en silla de ruedas, sabían contentarse con tan poco...Había transcurrido poco menos de dos años desde el serio accidente vascular y respiratorio de Bila, al cual sobrevivió por un milagro, por una chispa divina llamada amor o magia de vida, por karma...quién sabe! Alguna vez dijo un médico que pudo ser la tristeza la causante del colapso que casi la mató; una explicación poco cientifica pero bastante probable; la mirada de dolor se instaló en sus ojos ese año en que murió el abuelo Tata y en que su marido la abandonó. Cala estaba agradecida de no haberla perdido aún y ya no buscaba explicación a lo inexplicable. Bila estuvo a las puertas de la muerte y sobrevivió. Luego, durante otros cuatro años consecutivos a varias hospitalizaciones más, sobrevivió...

Ela en cambio estaba postrada por causa de una artrosis avanzada que la tenía casi inmobilizada de sus piernas y manos. Su cuerpo anciano retorcido delataba lo sombrío de su pensar, la ausencia total del perdón, la vehemente rebeldía hacia cualquier actitud resiliente. En su cabeza ensombrecida por la demencia senil se debatían los demonios de todos los tiempos, dando apenas destellos de lucidez cada vez más distanciados en su adormecida pesadilla. La inmobilidad de su cuerpo era, a modo de ver de Cala, la última y más cruel somatización de un espíritu devastado.

La locura en sus ojos celestes desorbitados reflejaba la desesperación de su alma, cansada de aguardar una respuesta al enigma tan angustiante de no saber; no saber dónde estaba Ricardo, su amado hermano menor muerto poco después del golpe militar; la enorme pena de haber perdido a su pequeña hermana en juventud, víctima de un aborto irresponsable. La vida de Ela nunca volvió a ser la misma, su espíritu ya no quizo seguir...Los años pasaron como una obligación impuesta por el fatal e injusto Dios a quien ella siempre maldecía e increpaba. Su único motivo de existir fue respirar y vivir a través de su hija Bila consumiendo su energia mas preciada: la juventud.

La casa de Isabel era como el castillo de cuento de la Bella Durmiente, con el paso del tiempo cada vez mas cubierto de espinas dolorosas de recuerdos imborrables, infranqueable a la sanidad y prohibida para la práctica libre del amor sin prejuicios.

El verdor de los arboles cubiertos de hiedra y enredadera la trae de vuelta al tren, Cala suspira, su mente aún muy lejos del ahora. El pasado quiere seguir hablando. Hay un sentimiento nostálgico que la ronda desde siempre y para siempre. Haber sido testigo de la desaparición de dos mujeres que fueron un hito en su vida y estar en constante reivindicación de su legado tras bambalinas, ese que no se ve pero se vivió. Todas las lágrimas, las maldiciones echadas al viento; toda la paranoia y sobreprotección, toda la siniestra enfermedad que se instaló por años en sus corazones y sus cuerpos hasta inmovilizarlas por completo mucho antes de la muerte.

Cala estaba convencida que no podía olvidar, se lo debía a ellas, a su madre y a su abuela; las dos mujeres que marcaron su vida, su forma de escuchar y mirar, su forma de esperanzarse a pesar de lo imposible. Su vida junto a ellas fué muchas veces una dura carrera contra la desesperanza, el desamor y la tristeza de sus almas en perpetuo autocastigo.

No, Cala no puede olvidar esa primera mitad de su vida que aún es tan intensa. Gracias a lo que ellas se negaban a sentir, Cala fue capaz de sobrevivir; gracias a llevarles la contra y mantener firme su arsenal de creencias es que ahora sobrevive. Gracias a ellas y al único amor que sí fueron capaces de expresar: el amor por sus hijos.

El tren se detuvo en la estación donde debía bajarse. La puerta se abrió...

domingo, enero 9

Y vivieron Felices para Siempre

La vida a bordo de un tanque: y he aqui que mi turbulenta experiencia como asistente del viaje al Mas Alla se ha convertido en un cuento de hadas con principe azul y castillo nuevo...no puedo quejarme, soy feliz

domingo, noviembre 2

Los Turistas

Ese día de Febrero del `96 en Pforzheim estaba más helado que candado de fundo, había nevado ya varias veces y la temperatura era como de 10º bajo cero. Me forré con toda mi ropa como siempre que iba a salir a la intemperie: medias gruesas de esas con que te vestían para ir al colegio cuando chica, calcetines guesos, botas, dos pares de pantalones, dos camisetas, un polerón encima de otro, mi adorada chaqueta de chiporro, bufanda hasta la nariz y gorro...se me veían los puros ojos. Cual monito de nieve navideño, salí de la "Studentenwohnheim" -pensión de estudiantes, que le llaman- con destino al aeropuerto de Stuttgart a buscar a mi hermano y mi prima que venían a visitarme a Alemania directo desde el verano Reñaquino en Chile.

Luego de un viaje poco más de una hora en tren llegué a la estación "Aeropuerto" y me bajé -qué maravilla no tener que caminar por calles heladas-. Apenas me bajé del tren me alegré mucho de poder siquiera sacarme la chaqueta, sofocada por la calefacción infernal del recinto. Ahí estaban, recién llegados de San Rosendo, Chago y Sandún muy bronceados y de polera como que hubiéran llegado a España en Agosto. "Abríguense, hace frío, and I mean it is reaaaallyyyy cold". Se cagaron de la risa, se pusieron sus chaquetas de seudo invierno y ni pescaron mi advertencia.

Durante el trayecto de vuelta a Pforzheim fuimos conversando entusiasmadamente sobre las últimas novedades, "cotilleando" como dirían mis amigas españolas -gossiping- para ponerse al día de mi semestre universitario en Alemania y las anécdotas de los amigos en Chile. Apenas habíamos subido al bus destino "punta del cerro" después de haber pagado casi luca por pasaje cuando Sandrún empieza a revolver dentro de su bolso y comienza a ponerse toda la ropa que encuentra...

El viaje en bus fué corto, apenas 20 minutos para dejarnos literalmente en la punta del cerro donde estaba ubicada la Studentenwohnheim a un par de kilómetros en pendiente de la Universidad donde yo asistía a clases. Bajamos del bus con chaquetas y maletas , en lo que fué una sinopsis del sínrome "equeco" que nos acompañaría el resto del viaje. Llegó el momento de bajarse del bus y el primer comentario fué, como no,
" hace frío"
"yo les dije"... sonreí
"chita que son helá la`Alemania`" dice Chago
ni media palabra de Sandrún, de su boca ya colgban estalactitas...
"ta calentito aquí ah?...ma helao que cañilla de gaviota" dice mi hermano.

Derepente me doy vuelta para mirarlos y Sandrún estaba como una hoja de papel con la boca morada. A mi hermano se le había congelado la sonrisa, ambos estaban helados a punto de quebrarse. Entramos al edificio donde luego de un par de minutos decisivos, comenzaron a respirar denuevo con normalidad. Luego del deefrost de 10 minutos en el lobby del edificio, los llevé a concer el recinto.

Empecé por el Subterráneo, el cuartel general del carrete estudiantil de aquella honorable residencia...Bien camuflado por dos pilares y un pasillo; en un abrir de puertas...ta tá: un bar! "este es nuestro bar, abre todos los Martes y Jueves" :) sonreí
Mi hermano entró en extasis, la sola visualización de tanta cerveza y mujeres hablando en lenguas marcianas lo dejó speechless.

Luego de aprender los secretos de accionar la lavadora en la sala de laundry, los llevé al TV room donde un enorme sofá prometía veladas inolvidables de cerveza y críticas espontáneas compartidas con los televidentes políglotas y ebrios. Para cada lugar había una llave (ojalá la vida fuera igual) y con cada puerta una promesa por descubrir.

Ya familiarizados con lo absolutamente anti rutina, Sandrún y Chago cruzaron los brazos tras la nuca y comenzaron a disfrutar de su estadía en Alemania.

Como era habitual en mi rutina de estudiante, una semana podía tener hasta siete fiestas. Mis colegas de edificio ya habían tenido la dicha de conocer a Sandrún, la sudamericana de ojos azules y a "Chago el Magnífico" como se presentaba mi hermano a cuanta cristiana que estuviera cerca, con los ojos a medio cerrar por efecto del exceso de cerveza en la sangre :) Los chilenitos se sambullían rápidamente en los rituales de la alta cuisine de survival, muy practicada por nuestros amigos de la`europa`. Mientras los españoles esperaban ver emerger el toast Bott -pan de molde que le llaman- de la tostadora, para untarlo con aceite de oliva y adornarlo con anchoas y tomate, en otro sector dicharachero de la cocina comunitaria los infaltables italianos haciendo pasta, "la pasta"...casi un mantra. Con cualquier salsa imaginable: zucchini, carbonara, bolognesa, agli ogli...La cocina se transformaba en una fiesta de cuatro o más idiomas sincronizados con la perfección del alcohlismo circundante.

Armábamos las mesas de la cocina tipo mesa té club y cada uno se sentaba con su insólita merienda frente a un infaltable vaso de cerveza o vino. Yo tenía una radio de esas ultra mentors -precaria- con manilla y toca cassette. Cada noche yo llegaba con mi radio a la cocina y tocaba mi cassette titulado "pulento", una fina selección musical de merengue, salsa y el equivalente al reggeton de la época "cachete con cachete" entre otras melodías latinas de esas que arden, especialmente cuando estás en el polo norte rodeada de monos de nieve. Bueno, se imaginarán el resto, para cuando todos ya habían comido y se reían de la música, algunos ya estábamos bailando, era que no, y con ritmo de merengue balanceabamos la última copa de vino antes de dar por terminado el día universitario.

Con frecuencia luego de cenar "quedábamos" para juntarnos en el lobby, y como una manada ebria de marcianos salíamos a pelar el cable por calles de Pforzheim. No hubo boliche que se salvara de las ordas salvajes de los Fremd Studenten -estudiantes extranjeros- incluso un par de veces la fiesta terminó con asombrados policías verificando nuestros ID`s...
"wo kommen Sie her?" - de dónde es usted?-
Italia, Chile, España, Colombia, Argentina, Irlanda, Grecia, Portugal, Brasil, Escocia, Inglaterra, Holanda, Bélgica, Alemania (si, teníamos nuestros fans)
como decía un español "esto de la torre de Babel tío..."

Luego de despacharnos a dormir -para que dejáramos de huevear por las calles- comenzaba nuestro peregrinaje cerro arriba hacia la temperatura sobre cero en nuestra residencia, home sweet home...

Una noche, volvíamos de una fiesta en la "Haus der Jugend" -casa de la juventud- y nos dispusimos a disfrutar de un after hour en la cocina. Vuelta abrir el refrigerador, revisar las cajitas de metal de preciosas pertenencias a la hora del hambre y luego de verificar el nombre del dueño, cajita por cajita eran saqueadas en nombre del bajón de hambre...

Mi hermano exclamó victorioso: "tengo salchichas de Nüremberg! alguien quiere comer?"
"ya...que esas las venden en el supermercado tío, no tienen nada de extraordinario" dice Jorge, el catalán. Carcajada general en la cocina, hasta los alemanes reían.

Cada estudiante guardaba en una repisa sus platos, cubiertos y tazas que impajaritablemente debía lavar y guardar después de comer. Yo era la única que tenía un set de cubiertos -vajilla- con mango plástico tipo Hello Kitty.

El "follador de Chile" como le decían a mi hermano, puso dos panes en el tostador mientras daba un sorbo a su cerveza. Con el semblante sonriente para impresionar a las italianas y la eterna actitud de "aquí te las traigo Peter", Chagman, impaciente con la demora del tostador hizo ademán de introducir el tenedor en la tostadora mientras el catalán da un grito de advertencia..."que te vas a electrocutar tío..." demasiado tarde retumbaron sus palabras y se produce un apagón en todo el piso del edificio con el inocente tenedor de mango plástico metido en la tostadora. Esta vez si que lloraron de la risa..."Pero tío, tu estás completamente loco"

Al día siguiente mi hermano se levantó apuradísimo para salir
"a dónde vas?" le pregunté
"a comprar una tostadora nueva"

viernes, octubre 31

El Gnomo Móvil

Mi primer auto fué todo un acontecimiento, no sólo para mí, su flamante dueña, sino que también para muchos de mis amigos que compartieron divertidas aventuras a bordo.

Mi papá me regaló esta joyita cero kilómetros cuando cumplí 19 años. Yo estaba recién graduada de mi curso de conducción en el Automóvil Club, en el cual me inscribieron luego que que mi papá soportara dos días de intenso entrenamiento conmigo y antes de perder la paciencia prefirió enviarme a un curso con profesionales acostumbrados al sonido de los cambios sin embrague, los virajes de esquina por encima de las veredas y otras variaciones highlander del aprendizaje automovilístico.

Este singular vehículo era como un personaje de película de Walt Disney, tipo el protagonista de las carreras de auto, ya que sus características de modelo y color eran como sacadas de un cartoon: rojo italiano, de nariz grande y focos que en invierno juntaban agua como en una pecera. De hecho, uno de los nombres con que lo bautizó mi primo mayor, Emilio, fué "Mickey Mouse Car". Luego a mi hermano se le ocurrió que mi auto debía llamarse "Gnomo Móvil" ya que según él ese era el nombre más representativo para un auto casi de juguete cuya dueña medía, y aún mide, sólo 1,55m de estatura.

El "Gnomo Móvil" era el medio de transporte de todos, para ir y venir de fiestas, paseos a la playa, y por supuesto ir a la universidad. Por alguna razón que nunca pude entender ni yo ni los pseudo mecánicos del garage donde yo era clienta frecuente, el Gnomo Móvil tenía una falla en el motor de partida que nunca nadie fué capaz de reparar; tanto así que para no tener que pedir ayuda a cada rato para que empujaran a mi auto y yo poder encender el motor en segunda marcha, cuando iba a la universidad a clases lo dejaba estacionado cuesta abajo por si acaso. Así, en el caso que el motor no quisiera partir yo simplemente soltaba el freno de mano y me lanzaba en pendiente hasta que lograba arrancar el motor, mientras por la ventana gritaba a los peatones "cuidado, no puedo frenar".

Me acuerdo un día que llevé a varios compañeros de clase en el auto y de repente justo en una subida en calle Los Leones el auto simplemente se detuvo y empezó a retroceder mientras todos nosotros mirabamos el paisaje en reversa sorprendidos. Me acuerdo que mis compañeros se bajaron del auto aún en movimiento y entre los 4 empujaron hasta que logramos subir la pendiente. Una vez arriba en terreno plano siguieron empujando hasta que logré encender el motor como siempre en segunda marcha. Se podrán imaginar el taco que armamos y la de bocinazos y garabatos de que fuimos víctimas mientras hacíamos nuestro mejor esfuerzo por no llorar de la risa con lo absurdo de la situación. Era como conducir el auto de los Picapiedras.

Pero sin duda la anécdota más divertida le ocurrió a mi hermano y a mi primo Alvaro. Eran al rededor de las 11 de la noche de un fin de semana, ellos me habían pedido prestado el Gnomo Móvil para ir a una fiesta. Ambos, sin licencia de conducir como es obvio en Chile a los 16 años de edad, medio ebrios y con ganas de hacer maldades iban a unos 60Km por hora por la calle Vitacura y se aproximaban al cruce con calle Américo Vespucio cuando depronto casi al llegar a la esquina vieron a una prostituta en un paradero de micros. Con la inconciencia absoluta de esa edad y claramente influenciados por el alcohol no encontraron nada mejor que abalanzarse sobre la pobre cristiana gritando "mueran las putas". Para suerte de la puta y desgracia de ellos, antes de atropellar a su objetivo el auto embistió un cable de alumbrado público de esos que van en diagonal hacia el piso de concreto y están cubiertos de metal cilíndrico.

En un abrir y cerrar de ojos el costado del copiloto de Gnomo Móvil se elevó por el aire producto del impacto estratégico del cable a tierra y cayó estruendosamente completo de costado hacia la izquierda. "Estamos muertos?" preguntó mi primo en el lado del copiloto, mientras por la ventana veía el cielo y los focos del poste. Luego de un par de minutos de silencio, ambos se bajaron del auto por la ventana del copiloto como emergiendo de un pozo en la tierra y sin siquiera ponerse de acuerdo fueron hasta el otro lado del auto, el costado que yacía en el suelo, y con esa fuerza que sólo proviene del susto y la adrenalina, literalmente alzaron a Gnomo Móvil a pulso hasta que éste cayó pesadamente con sus cuatro ruedas en el suelo. Mientras, ya se había juntado gente que miraba curiosa y quizá se preguntaba dónde estaría la cámara escondida en este reality show. Mi hermano volvió a subirse al volante e intentó echar a andar el motor que por supuesto, era que no, ni chistó y simplemente no partió. Mi primo se dispuso inmediatamente a empujar el auto desde atrás y cuando ya agarraron la velocidad necesiaria el motor partió. Luego mi primo corrió hacia su asiento con el auto en marcha y se lanzó al interior como en una película de los Dukes de Hazard o Indiana Jones, se acomodó en el asiento y cerró la puerta. Entonces mi hermano aceleró y se esfumaron de la escena del crimen antes de que llegaran más espectadores y los pacos.

Al día siguiente yo ví el auto y no pude entender cómo era posible que el espejo del piloto estuviera colgando de un hilo y que todo el lado izquierdo estuviera como arañado por un gato gigante. La explicación que me dieron ellos muy serios parecía obvia: estacionaron el auto en la discotheque y tuvieron la mala suerte de que un camión se estacionara al lado izquierdo y pasara a llevar todo a su paso. Un camión? en la discotheque? En fin, no iba a dudar de ellos, así que les creí. Sólo después de un par de años se animaron a contarme la verdad entre carcajadas y durante mucho tiempo después mi hermano fué la entretención de los amigos cada vez que relataba los detalles del evento en asados y fiestas.